11 febrero, 2011

Nostalgia


Estas emocionado de ver a tu familia y amigos de nuevo. Te pones más ansioso cuando ves que estas a nada de aterrizar en tu país. La Ciudad de México, además, en ese momento te regala una maravillosa vista de bienvenida: un inmenso mar de luces que aprecias desde la ventanilla. Las arterias como Periférico o Insurgentes se ven iluminadas y colapsadas.

Cuando bajas del avión y lees todos los señalamientos en español, recuerdas que todo en México es mas fácil para ti, al menos, desde el punto de vista que es parte de tu zona de confort: tu familia, tus viejos amigos, tu idioma, el lugar donde creciste, la comida que comiste de niño, el incomparable humor mexicano, etc.

Cuando pasas muchos meses sin ver tu familia (que va por ti al aeropuerto) es inevitable notar que les creció el cabello o que bajaron un par de kilos. Los cambios son más perceptibles si dejas de ver a las personas durante largos periodos.

Los amigos o familia que están allá te dicen “que increíble que estés allá en ‘cualquier ciudad de un país desarrollado’, debe de ser muy diferente” (el diferente es igual a ‘mejor’ en este caso). Tu respondes “mmm… tiene sus ventajas…” porque sabes perfectamente que puede ser más seguro, más ordenado o menos pobre pero nunca tendrá lo mas importante que es tu familia.

Cuando se está lejos de tu país por años, el ser ‘mexicano’ adquiere otro significado. Desde fuera tu tierra se ve diferente y adquiere un encanto que te llena de orgullo. Te vuelves un ‘promotor de turismo de tu país en el extranjero’ sin proponértelo: hablas de su maravillosa y artesanal comida, de sus lugares mágicos, de su clima soleado, de su cálida gente, de su historia. Y detalles tan simples como tener una banderita de tu país en tu recamara es vital para sentir que tienes un pedacito de tu tierra contigo, que sigues ahí de alguna manera.

¿Vale la pena? Depende de cuáles son tus sueños y prioridades. Si quieres vivir en un lugar en donde puedas caminar sin temor, donde sea más probable que te contraten por tus capacidades que por tus ‘contactos’, donde recibas ayudas si te quedas sin empleo o si tienes un bebé, donde tu salario sea en una moneda que te permita viajar mas fácilmente a cualquier país porque el tipo de cambio no será aterrador, donde la mayoría de las reglas y leyes se respeten, donde sea mas fácil ahorrar un poco de dinero si tienes educación porque posiblemente tu salario te lo permitirá, donde haya menos machismo, donde la libertad de expresión sea más respetada, donde no se vea tanta diferencia entre las clases sociales, donde los políticos no roben de forma tan descarada y tan impune, entre otras cosas… entonces sí, si vale la pena pero tiene un muy alto precio…

¿Y cuál es el precio de vivir en ‘cualquier ciudad de un país desarrollado’? Bueno, tiene muchas desventajas como el tener que aprender otro idioma si no lo sabes, como el helado clima, como el que gente de ‘cualquier ciudad de un país desarrollado’ puede ser más fría, como enfrentar racismo (y eso te incluye porque muchas veces eres ‘ciudadano de segunda’), como que se extrañe la verdadera cocina mexicana, etc.

Pero lo mas difícil de todo es la nostalgia, esa que esta ahí presente todo el tiempo. A veces se esconde por días o por semanas pero ahí sigue latente, oportunista. Espera cualquier momento para manifestarse: como el pasar frente a un lugar de ‘burritos’.

Puedes estar caminando por Champs-Élysées’, por Passeig de Gràcia o por ‘Regent Street’, rodeado de cafés encantadores, tiendas lujosas, ‘gente a la moda’ o turistas de todos lados, sin miedo a ser asaltado y con euros o libras en tu cartera… pero tu mente está en casa de tu madre, donde están ella, tu hermana y tu perro, posiblemente comiendo unos ‘tlacoyos o un mole verde’

Los recuerdos te acompañan a todos lados. La ausencia de ellos y la permanente añoranza es el mayor precio.

16 diciembre, 2010

Tener un horno de microondas


Yo sé que puedo sonar mediocre al decir que mi mayor deseo es tener un horno de microondas pero sí, efectivamente, eso deseo con todas mis fuerzas. Casi suspiro cuando me visualizo desempacando el microondas y encontrándole un rincón en mi cocina.

A mis 30 años nunca he comprado ni he poseído un horno de microondas. Son de esas cosas que no considero necesarias al vivir en lugares rentados en ciudades donde no quiero permanecer mucho tiempo. Prefiero comprar una licuadora o una aspiradora, es decir, no puedes licuar comida a mano… y barrer es muy cansado. En cambio, SE PUEDE CALENTAR TODO EN LA ESTUFA.

El día que compre un horno de microondas será cuando tenga un lugar permanente donde vivir o, al menos, semi-permanente (que significa 2 años o más). Será un capricho y un lujo tenerlo. El comprar MIS cuadros, MI sofá, MI cama, MI comedor… todo a MI gusto… ya es pedir demasiado. Así que con comprar mi horno ya me sentiré feliz.

Desde el 2002 que no me quedo quieta durante mucho. Necesito quedarme en un lugar el tiempo suficiente como para echar raíces, establecerme, formar amistades de esas que están en muchos momentos importantes… y tener mi horno de microondas funcionando constantemente.


Sé que no puedo pedir mi horno para el 2011, tendré que esperar más porque la vida (¿o yo?) quiere seguir teniéndome en todos lados y en ninguno. Sintiéndome parte de todo y de nada.

10 septiembre, 2010

Mi curiosidad me da de comer


Siempre he sido curiosa, creo que nunca superé esa etapa de niña en donde preguntas todo. En tercero de primaria, cuando vimos la teoría de Darwin, fui la única del salón de clases en preguntar: “Maestra ¿Cuál teoría es cierta: la de Adán y Eva o esta?” por supuesto que la respuesta no podía excluir a Dios porque mi escuela era católica: “Dios hizo posible la evolución…”, me dijo.


Y, como siempre me cuestioné todo, (parece que las “versiones oficiales” no me convencían), la llegada del internet a casa fue lo mejor que me pudo haber pasado. Solamente con escribir la palabra clave en el buscador… voilà! me aparecían una cantidad infinita de posibles respuestas.

(Tal vez mi curiosidad también explique mi adicción a leer los periódicos todo el tiempo para saber qué pasa… o como diría mi hermana: para deprimirme y reforzar mi idea de que el mundo es injusto porque el 95% de lo que leo son malas noticias).


Decir que soy “researcher” (investigadora) puede sonar aburrido pero este trabajo me permite conocer de todo un poco (claro, un poco de todo sobre consumidores, marcas y productos/servicios –o personas, en el caso de figuras públicas).


Cuando estudiaba la carrera, en cuarto semestre, tomé la clase de “investigación de mercados”. Afortunadamente tuve una profesora muy buena que me hizo ver el potencial: ayudar a las empresas a tomar decisiones informadas, conociendo a su mercado y a la competencia. Y yo podía darles esa información.


Hay dos tipos de investigación de mercado: cuantitativa (encuestas y estadísticas - datos precisos) y cualitativa (exploración y análisis). Por supuesto que yo iba para la última: PREGUNTAR, explorar, analizar, concluir y recomendar (además de que no involucraba matemáticas. Soy mala para los números).


Es así como, terminando la universidad, lo primero que hice fue buscar trabajo en eso, investigación de mercados cualitativa. Tuve mucha suerte porque el día de mi fiesta de graduación, sabía que empezaría un nuevo trabajo la siguiente semana en investigación cualitativa.


Es muy divertido e interesante (sacia mi curiosidad) saber si la gente se deja llevar o no por la publicidad o por “pertenecer a un grupo social”, por qué la gente gusta o no de un producto, si siente algún apego emocional con ciertas marcas, qué quiere/espera la gente que haya en el mercado / qué falta, por qué un producto funciona en un país y en otro no…


Después de saber que quieren las empresas/organizaciones conocer, yo hago una propuesta. Desarrollo las preguntas que haré para conseguir esa información y a quién debo preguntarlas. Se hace el trabajo de campo (se pregunta) y, con esa información, hago un reporte y lo presento. En México se hacía todo cara a cara. En Inglaterra, la mayor parte del tiempo, se hace en línea (el mundo se está volviendo digital, es el futuro).


Vendo información muy valiosa para las empresas, que puede significar el éxito o el fracaso de una campana publicitaria, del lanzamiento de un producto o de la marca entera. Mi curiosidad me da de comer.


Por cierto, mi hermana diría que soy una capitalista que hace más ricos a los ricos (las transnacionales). Bueno, también ayudo a crear empleos y productividad haciendo las empresas más competitivas.

16 julio, 2010

A normal working day in London


Cuando suena la alarma literalmente brinco de la cama, eso de “5 minutos más” no me la creo, siempre existe el peligro de quedarse dormido. Voy con los ojos medio cerrados a la cocina y me preparo mi propio “caffe latte” porque los £2 que me cuesta en “Caffe Nero” –mi cadena de café favorita en UK-sumarían £40 al mes.


Mi esposo sigue dormido (ventaja de hacer un doctorado y tener tus propios horarios) cuando yo salgo corriendo de casa, buscando en mi bolsa –enorme- mi “oyster card” (la tarjeta para el transporte público en Londres).



Tomo el overground porque, como es nuevo, la gente no sabe exactamente hacia dónde va ni que tan bueno es, así que va vacio en comparación al metro en donde, mas bien, la masa de gente es la que te mueve y donde normalmente pasan 2 o 3 trenes por el andén antes de poder abordar porque hay que hacer la cola para entrar en uno.



Ya en el vagón voy escuchando música alegre –con este clima tan triste escuchar a Radiohead me darían ganas de aventarme a las vías. Salgo en la estación de “Shoreditch High Street” y camino unos 10 minutos hasta mi oficina (al lado de Old Street). La agencia donde trabajo es un espacio abierto en donde todos los escritorios son iguales, como recordando que aquí no hay jerarquías marcadas: nadie tiene secretaria, los directores van de jeans con camisa, se ponen a platicar con quien sea, hacen bromas, te preguntan tu opinión, te proponen hacerte un té...




Aviento mis cosas al escritorio y empiezo bien el día porque me encanta mi lugar: amplio, silla con respaldo alto, una ventana enorme al lado, una laptop bastante decente, internet rápido sin websites bloqueadas, un pequeño cactus y las fotos de quienes extraño en un corcho.



Lo primero que hago es checar mis correos, SIEMPRE tengo nuevos correos. De 9:00 a 10:00 la mitad de la oficina está desayunando cereal o fruta en su lugar o tomando “English breakfast tea”. Pongo mi celular en mudo para no perturbar el ambiente. Todo está muy callado. De repente se escucha un comentario o alguna broma y después se vuelve a quedar en silencio.



Si acabamos de tener sesiones de grupo o fórums –la mayoría online- y estamos a punto de comenzar con el análisis, seguro habrá una junta en donde tendremos una “brainstorm” con los “findings” que cada uno considera importantes. Si no, posiblemente estaré haciendo el análisis del proyecto que tengo en manos y preparando una presentación que trato de que no sea aburrida.



Si tengo dudas con el idioma, checo la gramática y el vocabulario en Internet – no me puedo dar el lujo de escribir o redactar como una persona que tiene como segundo idioma el inglés. Debo de escribir como cualquier británico con educación universitaria haría en esta empresa. Muchos de los reportes que escribo van directo a cliente y, normalmente, los clientes son empresas transnacionales - no les puedes decir “es que lo escribió un extranjero…”.



A veces llega alguien de cuantitativo a pedirme que traduzca una encuesta que va para España y, por algunos minutos, puedo trabajar en mi idioma.



Aquí hago un paréntesis para decir que en Londres -en mi oficina- no fui novedad en ningún momento como en otros países lo he sido. Escucharon mi acento –no saben de dónde- y vieron que soy medio exótica pero nadie me preguntó nada sobre mi cuando comencé mi trabajo en esta empresa. Con el pretexto del mundial, se organizaron algunas salidas a los pubs para ver los partidos y ahí sí, hablé de cosas más personales con mis colegas. Algunos me dijeron que pensaron que era española. Claro, relacionaron: acento español con España y a pocos se les ocurrió “América Latina”. Están tan acostumbrados a los extranjeros –aquí hay varios colegas de: Italia, Polonia, Rusia, Pakistán, Australia, etc- que no llaman la atención. Cualquiera –no importa la raza- puede ser inglés porque hay de todo en este país. Creo que por eso hay tanta tolerancia y aceptación en Inglaterra, lo diferente no asusta.



Al medio día el ambiente ya no esta tan callado: la gente comienza a pararse, a salir de la oficina, a ir y regresar de la cocina. La mayoría va comprar comida (de preferencia que se coma sin cubiertos: sandwiches o wraps) y la comen frente a su escritorio, tal vez mirando el facebook o las noticias por 15 minutos y después, siguen trabajando. Algunos más relajados comen en la cocina (pero raramente hay más de 3 personas ahí a pesar de que es una cocina grande). Otro paréntesis: aquí trabajan, no vienen a socializar. Son muy eficientes pero se van al otro extremo. Por ejemplo, cuando alguien cumple años, el cumpleañero compra el pastel, lo parte y lo deja en la cocina. Los demás vamos por un pedazo de pastel y lo comemos…
¿dónde creen?.... sí, frente a la laptop!

Si tengo mucho trabajo o está lloviendo –ósea, muy seguido- tengo mi lunch a la inglesa (sí, frente a la laptop! ). Si hace sol y no tengo algo urgente que entregar, voy a comer al “parque” más cercano a mi oficina que, en mi caso, es un cementerio con un área verde incluida. A pesar de ser un cementerio siempre hay niños jugando, oficinistas comiendo al lado de las lápidas, personas paseando al perro... Y ahí, a 20 metros de la tumba de William Blake, me siento en una banquita y me como la comida -italiana, española, india, marroquí o thai- que compro en el mercado que hay a una calle de mi oficina (ventaja de Londres: encuentras comida de todos lados y muy auténtica, preparada por personas del propio lugar).



Regreso a mi lugar de trabajo y de postre tengo chocolates –suizos y “fairtrade” por supuesto- que me como mientras leo mis correos de nuevo. La otra mitad del día se pasa más rápido. Normalmente me pongo mis audífonos y escucho la radio por internet –de México- porque ya está en vivo el programa de “Ya párate” que me hace olvidar por un rato que estoy tan lejos de mi país. Muchos de mis compañeros usan audífonos mientras trabajan, cada quien concentrado en lo que hace, cada quien en su mundo.



Por ahí de las 3:00-4:00 me preparo un té (tengo de donde escoger: hay 6 tipos de té en mi escritorio y hay otros 10 en la cocina para todos). A las 5:10 me voy preparando para irme. Dejo las cosas pendientes en orden, pongo algunos “reminders” en el Outlook, mando los últimos correos, me despido de mi equipo y salgo. Como aquí SI SE SALE A LA HORA QUE SE DEBE DE SALIR, aun tengo toda la tarde para hacer mis actividades: ir al gym, ir a tomar algo, ir de compras, al cine…


En Inglaterra casi no hay tantos puentes como en otros países pero, a cambio, no hay “horas silla” y eso vale mucho más para mí.

24 marzo, 2010

Como Caracol



Imagina este escenario: llegas a un restaurante de Fast Food que apesta a fritura, te formas en la fila mientras lees qué paquetes hay. Llegas a la caja y la chica te dice un poco fastidiada lo que repite de memoria a cada cliente. Al final, te pregunta sin sonreír si quieres el tamaño grande por sólo 2 pesos más. Pone la charola frente a ti con la comida envuelta en cajas de cartón, las salsas en pequeñas bolsitas y el refresco sacado de máquina. Después de que pagas, te da las gracias cuando ya está mirando al cliente que está detrás de ti. Te sientas en una mesa de plástico, muy cerca de una señora que, resignada, se come lo que pidieron sus hijos y que después botaron para poder ir a los juegos cuanto antes. Usas las manos para comer, te ensucias. El mantel de papel se pone transparente después de absorber la grasa de la comida. No tardas más de 30 minutos en acabar, tomas la charola y la dejas sobre un mueble. Te sientes satisfecho pero ¿Realmente comiste a gusto?

Ahora imagina esto: llegas a un restaurante de ambiente familiar con tus amigos. Te sientan en una mesa que asemeja a la del comedor de tu casa. Te dan el menú que está lleno de opciones gastronómicas regionales y explica con detalle los ingredientes de cada plato, es más, te hace saber la región de la cual vienen los ingredientes asegurándote que son frescos y, seguramente, comprados ese mismo día. Además, están cultivados de forma respetuosa hacia el medio ambiente. En el menú hay entradas, primeros platos, platos principales, postres, bebidas digestivas, vinos, etc. El mismo chef se acerca a tu mesa para recomendarte con qué tipo de vino puedes acompañar lo que ordenaste. Antes que nada, te sirven el vino, lo degustas, lo apruebas y lo sirven a los demás. Quedas sorprendido de la forma tan atractiva en la que está presentada lo que ordenaste. Comes junto con tus amigos tranquilamente teniendo una excelente conversación. Al final, te sirven un digestivo o un caffé macchiato. Estás tan a gusto que se quedan platicando más tiempo aún sin seguir comiendo. Salen satisfechos del restaurante y con una agradable sensación por haber pasado un momento de placer y de calidad.

La 2da. situación se llama “Slow food” y se creó en Bra, Italia, en 1986, siendo una corriente contraria a la que crecía en América (el Fast Food). Su símbolo es un caracol, representativo de la lentitud. El objetivo de éste: que las personas aprendan a disfrutar y degustar, que vivan una experiencia de placer alrededor del momento de la comida o cena. Los comensales seguidores del Slow Food se convierten en Gourmets, es decir, en catadores y degustadores, conocedores de gastronomía.

Ante nuestra cultura actual demasiado acelerada, en donde muchas veces no somos capaces de disfrutar de los momentos que deberían de ser placenteros, el Slow Food promueve calidad de vida poniendo como prioridad el tiempo y la salud de los comensales. No tenemos que tener los mismos gustos por la comida en todo el mundo, esto no debe de globalizarse. Actualmente, puedes encontrar el Slow Food en más de 104 países. Las cedes locales de éste movimiento fuera de Italia se llaman “Convivium”.

El movimiento Slow tiene una excelente filosofía: se trata de saborear la vida y encontrar un equilibrio. Las mejores cosas de la vida no tienen porqué hacerse deprisa. La tecnología debe de ahorrarnos tiempo, no atraparnos. Practica un hobby, no veas el reloj los fines de semana, compra productos orgánicos y regionales, come tranquilamente un platillo casero y disfruta de la conversación mientras lo degustas, no quieras hacer varias cosas a la vez, es decir, vive como caracol.

01 junio, 2007

Italianidad

1) Tener que alquilar un coche para ir de Milán a Florencia porque regresando de Basel (Suiza) a Florencia con el tren (con supuesto cambio de tren en Milán), vimos que había huelga de trenes en Italia (por cierto, de Basel a Milan era con un tren suizo).

2) Tener que cambiar los planes y las ilusiones por que una "finísima y amable persona" (tono muuuy irónico) que trabaja en el consulado italiano en Ginebra, nos dijo que no podíamos casarnos porque se habia equivocado. Quería otro documento a pesar de que nos dijo antes que ya teníamos todo. Yo debía de regresar a México, por el mismo documento que me estaba rechazando ahora (mismo nombre, mismos datos, mismo idioma) pero hecho de una segunda manera porque de la forma que lo hice solo es valida para una autoridad italiana y no para ellos... (ya se, suena raro porque NO tiene lógica). Y, frustrada, tener que escuchar la boca de ese "util" burócrata: "¿Pero porqué llora? si casarse debería de ser felicidad..."

3) No poder comprar el bono mensual del bus cuando lo necesitas y tener que esperar hasta el inicio de cada mes. No poder comprar los boletos de bus (como en cualquier otro país) en máquinas y tener que comprarlos en las tabacalerías que, por cierto, cierran para comer 2 horas al día y toooodo el domingo... osea que si te atreves a querer comprar un boleto de bus cuando esta cerrado tendrás que subirte "a la portugués", como dicen los italianos (o sin pagar). Y claro, te multarán... pero ¿Dónde fregados tienes que conseguir los boletos de bus si NO hay tabacalerías abiertas y si el chofer del bus tampoco los vende muchas veces?

4) Tener que hacer cita siempre que quieres algún servicio como cortarte el cabello, que te atiendan en una inmobiliaria, etc. A pesar de que llegues cuando NO hay ni un bendito cliente a quien atender y aún falten horas para cerrar...

5) Tener que ir a tomar un bus desesperadamente porque mi avión salía en 2 horas y yo, ingenua y confiada, pensé que podría pedir un taxi e ir tranquilamente al aeropuerto a tomar mi avión hasta México. Pensé que merecía ese taxi, ya que es un largo viaje hasta mi país pero ese día precisamente había huelga de taxis y no había ni uno solo disponible. Así que ya con el tiempo encima y con el estrés de la despedida, Mi esposo y yo tuvimos que correr hacia la parada de bus e ir a la estación porque desde ahí salen buses cada media hora hacia el aeropuerto. Ya en la estación, esperamos 15 minutos cuando pasó el bus y NO se detuvo porque iba super lleno... (al final un amable taxista con un coche normal - no un taxi- nos llevo)

6) Tener que pedirle a un amigo que pasara por nosotros para poder ir a su casa a cenar, ya que él vive afuera de Florencia, a donde sólo podíamos llegar con el bus. Como era 1o. de mayo, día del trabajo, NO había ni un sólo bus funcionando en toooooda la ciudad... ¿En qué ciudad se quedan sin transporte público durante todo un día?... claro, eso solo puede pasar en Italia...


Estos son algunos ejemplos de la italianidad (claro, también he escrito cosas buenas sobre Italia pero...) Lo siento Italia ¡Esta vez tenía que desahorgarme!

01 abril, 2007

il caffè




El café viene de Etiopía y los árabes fueron los primeros descubridores de sus bondades. Paises como Colombia, Ecuador o México exportan semillas de gran calidad, sin embargo, me atrevo a afirmar que a pesar de que Chiapas produce excelente café, los mexicanos no sabemos disfrutarlo como los europeos (y lo mismo opino del chocolate: no sabemos disfrutarlo como aqui, le ponemos demasiada azucar y leche).

Hace más de 300 anios que el café llego a Italia. Los italianos han sabido crear diferentes formas de tomarlo mundialmente famosas, como el cappuccino. En Italia hay 2 precios en cualquier bar: un precio si se desea tomar en la barra y otro precio se si desea tomar en la mesa (que es alrededor de 1 euro más).

La forma en que un italiano disfruta el café es muy interesante. Se hacen 1, 2 o más pausas durante la jornada (algunas de ellas son relámpago). Beber café es como un rito que no se puede cambiar por un café en la oficina o en la casa: se debe de ir al bar y vivir la experiencia completa: invitar al compañero o colega a tomar un café, salir de la oficina o de clase, caminar hasta el bar, sentir el olor del café al entrar al lugar, hacer algún comentario al "barista", DISFRUTAR el café...(normalmente de pie y sobre la barra).

Hay una excelente variedad de cafés en cualquier bar: caffè espresso, cappuccino, latte macchiatto, macchiato (corto o lungo), caffè latte, ristretto, caffè americano, caffe d'orzo, etc. (Ojo: si dices sólo "un café", te darán un espresso).

Para hacerlo más placentero, algunas veces ponen al lado del café un pequeño chocolate (hay unas cucharas hechas de chocolate que metes en tu café caliente y se derriten lentamente).

Si alguna vez vienen a Italia y quieren comprar algun souvenir que valga la pena, les recomiendo comprar la típica cafetera italiana (las fotos de esta "caffettiera" las agregué al post). La marca más conocida para este tipo de cafeteras es Mukka y, no se si sea cierto, pero he escuchado que es la original.

Así funciona: la cafetera se abre por la mitad, en donde verán el embudo-filtro en donde se pone el café, en la parte de abajo se pone el agua, se cierra la cafetera y se pone a calentar a fuego lento. El agua, al hervir, pasa por el café y sube hasta la cafetera... se empiezará a sentir un olor a café intenso y, una vez que sube todo el agua, está listo.

Yo preparo mi café cada mañana con este tipo de cafetera. Lleno 3/4 partes de la taza con café y lo demás con leche (SIN AZUCAR)... ¡El día comienza de forma maravillosa cuando tomo mi caffé latte!

24 marzo, 2006

Europeizándome

Sin darme cuenta, cada vez tengo más gustos europeos. No es que me esfuerce en tenerlos pero con un novio europeo, es difícil no contagiarse de sus costumbres. Algunos de los ejemplos que puedo recordar ahora son:

1) Ahora disfruto más el chocolate amargo que el chocolate con leche.
2) Me encanta el café expresso cortado con leche y ya encuentro desabrido el americano...y uso una cafetera expresa italiana para prepararme mi café cada día.
3) No me gusta nada la comida "to go", siempre prefiero sentarme a tomar el cafe, la comida...nada de prisas! Viva la lentitud!
4) Camino mucho, me encanta caminar, nada de coche. Hasta me han engordado las piernas (excelente!!!).
5) Ya es común que mi dieta incluya anchoas, quesos fuertes, aceitunas, baguettes, croissants, vinagre balsámico de Módena, aceite de nueces, pesto, etc.

6) Cocino SIEMPRE con aceite de oliva.
7) Ya me siento un poco más capaz de diferenciar un vino malo de uno bueno.

8) Afortunadamente se me está pegando, poco a poco, el francés y el italiano.

9) Me convencí de que el jabón líquido para ducharse es mejor que el de barra. Ahora siempre compro una marca francesa que me deja la piel super humectada.

En fin, es bueno conocer, apreciar y mezclar lo bueno de ambos extremos del charco. Con más de 3 años y medio de conocer a Laurent y viviendo ya un ratote en el viejo continente, es inevitable para mí disfrutar y adoptar estas delicias.


30 octubre, 2005

La cultura del reciclaje

Ya había mencionado que el reciclaje en Suiza era un hábito muy metido en los huesos de los suizos y he vivido el colmo de ello. El departamento de Laurent era bastante austero, era un típico depa de estudiante: 2 sillas de plástico (una blanca y otra negra), 1 solo cuchillo (que no cortaba), 2 vasos (uno de ellos era de cerveza) y 4 tasas (una de cada color y de diferentes tamaños y diseños) y ningún lugar para colgar ropa (todo tenía que estar doblado y, muy a mi pesar, tuve que doblar mi abrigo de gamusa en su armario). Uno de los rincones estaba adornado con botellas vacías que eran como "sus trofeos". El escritorio, un colchón con un hueco en medio, el sillón, la mesa, los platos, las almohadas, las sábanas...todo era de otra persona (padres, tíos, abuelas) antes de ir a dar a su depa.

Ahora que hemos remodelado (por petición mía) el departamentito de Laurent en Basel, hemos tenido que obtener bastantes cosas que hacían falta, unas compradas y otras regaladas. Laurent insistía en no comprar nada y llevarse todo desde casa de sus padres: lámparas, tapetes, floreros, cajonera, plantas, vasos, sábanas..."¿Para qué comprar cosas nuevas si ya las hay viejas pero que sirven?"

A mi me encantaría que el depa tenga un estilo propio y juvenil, no que tenga varios objetos viejos de diferentes estilos...¿Es eso demasiado materialista? ¿Demasiado consumista? parece que para un suizo, lo es.

Por fin fuimos a IKEA y compramos varias cosas a pesar de que Laurent las consideraba innecesarias: una cortina de baño mucho más linda, un tapete de baño moderno, un perchero para colgar mis abrigos, un portaretratos para 7 fotos, accesorios para la cocina, sillas de madera, una lámpara de suelo, cajas grandes de cartón con dibujos bonitos y un nuevo colchón.

Yo estaba feliz en IKEA, se me iban los ojos para cualquier lado: muebles preciosos y baratos. Cuando tomaba un nuevo objeto para ponerlo en el carrito de las compras escuchaba: "¿Por qué no vemos primero si ya tiene uno mi mamá que no use y que quiera regalarnos?" y yo le ponía cara de "¡Basta de reciclaje!" Hasta me lo imaginé diciéndome cuando estemos a punto de casarnos: "¿Para qué compras un vestido nuevo de novia? ¿No quieres ver si mi mamá te regala el que ella usó? Está nuevo, sólo lo usó una vez. La moda de los 70s está regresando..."

Por fin llegamos a nuestro nidito y puse "el toque femenino". Mi novio aceptó que el lugar (que sólo cuenta con 35 metros cuadrados) se veía bastante mejorado, ahora sí parecía el depa de alguien de 25 años y no de un estudiante de 17.

16 octubre, 2005

Tequila con...

Hace más de un año le traje a Laurent, desde México, una botella de Tequila Corralejo que tuvo como adorno sobre su piano hasta el día de ayer que la llevamos a una cena en casa de Max, un amigo de él.

El buen tequila en Europa es como una aguja en un pajar, así que si quieres beber buen tequila traelo desde México.

El Corralejo causó sensación: no es el mejor tequila pero, a comparación de los que puedes obtener aqui en los bares, es exquisito.

Estábamos 5 hombres y 3 mujeres esperando para cenar y servi un "shot" de tequila a cada quien. Lo tomaron de una sola vez y se soprendieron de que no "quemara" la garganta como normalmente lo hace el tequila en Europa. Pidieron más, no me sorprendió. Lo que me dejó sorprendida fue que lo quisieran probar con naranja y canela. Sí, leiste bien mi querido(a) mexicano(a): con naranja y canela. A todos (menos a mi) les pareció buena idea. Entonces sustituyeron el limón por la naranja y la sal por la canela. Lo probé y no sabía nada mal pero lo sigo prefieriendo como tradicionamente se toma o de plano un "charro negro".

12 octubre, 2005

Reglas, reglas, reglas...


En mis clases de francés me llevo bien con 2 chicas: una española y una italiana. Ambas vivían en España hasta hace pocas semanas y coinciden en una cosa: Suiza es aburrida.

Se quejan mucho de éste país y les urge regresar a la península. Me puse a pensar en 2 cosas: que yo también me he quejado mucho de Suiza en varias ocasiones y en qué tipo de personas estarían felices viviendo aqui. Después de pensar un rato le dije a mi novio - Tal vez a los alemanes les gustaría vivir en Suiza- y me dijo -¿Sólo gente igual de aburrida que nosotros, no?- y me acordé de una publicidad que vi en el metro de Barcelona que decia "boletos de avión a Alemania: 20 euros / somos alemanes, no bromeamos" y me reí.

Definitivamente hay cosas que me parecen extremas en el país de la banca, de los relojes caros, del chocolate y del queso gruyère:

- No se puede servir más de 4 centilitros de alcohol por bebida en los bares
- No se puede tocar el claxon por gusto, tampoco después de determinada hora de la noche
- Para sacar una copia de la llave de TU departamento necesitas permiso del portero y de la agencia que te alquila y además, pagar 40 dólares por ese privilegio
- No te venden casi nada en la farmacia a menos que lleves una receta del médico y, claro que te cuesta un ojo de la cara cada consulta
- Los restaurantes tienen la cocina abierta sólo de 12:00 pm a 3:00 pm y después de 6:00 pm a 9:00 pm...si tienes hambre más tarde... tendrás que ir a un McDonalds o a tu casa
- A las 7:00 pm cierra el super mercado y también las tiendas en general

Por otro lado, hay reglas que, aunque me parecen extremas, creo que son bastante adelantadas. Seguramente en México no podríamos seguirlas:

- Te multan por tener piratería y pagas el 10% del valor de lo que tienes (ej. si tienes un Rolex pirata aqui en Suiza, tendrías que pagar MUCHO)
- Hay como 7 tipos diferentes de basura: vidrio blanco, café y verde por separado, cartón, metal, orgánico, inorgánico, etc. Además, te cuesta dinero producir basura porque solamente puedes usar unas bolsas de basura especiales que te venden en el super mercado.
- Los buses, trenes, tranvías siempre llegan a tiempo y nada de "espéreme tantito"

Pues aqui decidí vivir ahora y, como en cada suizo hay un policía...¡hay que acatar las reglas!

Gracias por visitarme!!!

Soy mexicana, expatriada en otro continente. A partir del 2002 (cuando conocí a mi esposo Laurent), la mitad de mi está en Europa y mi otra mitad está en México. En este blog comparto mis experiencias, opiniones, percepciones y hábitos que tengo en el viejo continente. También comparto mi proceso de adaptación a culturas tan diversas de la mía como la inglesa o la suiza. Espero les parezca interesante y les sea de utilidad. Muchas gracias por visitarme.
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