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15 abril, 2012

No residentes en la Unión Europea: pidan su reembolso de impuestos

Este post habla de ‘shopping’ (y ahorro), ya que quise escribir sobre algo práctico a la hora de venir a Europa de viaje porque ¿Quién no se compra algo cuando viene por acá?

Como lo último que se piensa es en los impuestos, hablaré un poco de esto... ¿Por qué? Pues porque si son no-residentes de la Unión Europea, vienen por acá y hacen shopping, tienen derecho a que se les regresen los impuestos. No sé si en todos los países de la Unión Europea funcione exactamente igual pero yo creo que no cambia mucho de país a país.

Pondré como ejemplo España: según la legislación española, toda persona residente fuera de la Unión Europea tiene derecho a la devolución del impuesto IVA. Para ello es necesario que las compras sean superiores a 90 euros. (Ej. Si se gastan 3000 euros, podrán pedir el reembolso de 600 aproximadamente… nada mal)

Hay dos empresas que emiten facturas desgravables: CashBack y Tax Free. Los comercios o tiendas tienen indicado en la entrada con cuál de estas 2 empresas gestoras trabajan.

Cuando hagan su compra, pidan en el negocio un ‘formulario de reembolso’ para solicitar la devolución de impuestos (que se entrega por duplicado). El día de la salida definitiva de la Union Europea, se presenta ambas copias del Formulario de reeembolso CashBack o Tax Free, junto con el pasaporte, el billete o boleto de avión y las compras, en la aduana para que se selle. La copia sellada se presenta en el mostrador CashBack o Tax Free (Banco Argentaria) de reembolsos en efectivo de la tienda principal Duty Free en los aeropuertos de España. El reembolso también puede ser con tarjeta de crédito o cheque internacional (en este caso se envía la copia de reeembolso -sellada por la Aduana- a CashBack o Tax Free utilizando el sobre con franqueo o sello pagado).

Vale la pena el esfuerzo si se gastan sumas grandes por acá, definitivamente. Y ya sé que varios mexicanos vienen a comprar marcas caras, ya en mi país importa mucho la apariencia, no lo negaré. Y no sólo es una percepción mía: según la Fundación española Creafutur, las marcas pierden importancia a medida que se pasa de los países emergentes a los industrializados: 75% de los chinos, 69% de los brasileños y 61% de los mexicanos prefieren un producto de firma o marca, frente al 45% de los franceses o al 33% de los españoles. La marca facilita una identidad prediseñada y es un elemento comunicativo sobre el que construyen la autoestima y el estatus.

Recuerdo que cuando vivía en Florencia siempre veía las tiendas tipo Dolce & Gabbana, Hermes o LV llenas de asiáticos (son ricos o se vienen a gastar los ahorros del año por acá). En fin, pidan sus impuestos de regreso.

Ya que hablo de shopping -en un tema relacionado- me ha pasado que cuando voy de viaje y llego a mi destino, resulta que hace más frío o más calor del que pensaba –a pesar de que siempre checo los pronósticos- y tengo que comprar una bufanda o un top primaveral de emergencia. En este caso, siempre trato de buscar una opción económica. Aquí les dejo una pequeña lista de los negocios más baratos que conozco en Inglaterra, España e Italia por si necesitan o quieren comprar alguna prenda MUY barata de emergencia (o por gusto):

Inglaterra: Primark, en Londres está en el centro, en la calle de Oxford Street (Marble Arch station)

España: Lefthies (que son los outlets de Zara, normalmente muy céntricos)

Italia: Oviesse y Tezenis (normalmente muy céntricos también)


Claro, el H&M siempre será de las opciones más baratas en cualquier país y siempre se encuentran en lugares céntricos.

20 febrero, 2012

Una capitalista altamente necesitada de consumir y comprar



El día de ayer pasé con una amiga al lado del Benetton y vimos en la puerta unos carteles con los precios de la ropa. No dudamos en decirnos: ‘Que barato, hay que venir mañana’. Quedamos hoy de ir al negocio a la hora que abren después de la pausa para comer.

Llegamos muy puntuales poco antes de que reabrieran, ya que estábamos tomando un café a pocas calles. Para mi sorpresa, había una masa de gente en la entrada e incluso había personas empujando un poco las puertas. Me pareció raro.


Un par de minutos después, las puertas de entrada se abrían. La gente ingresó como si estuviera huyendo de un incendio. ‘¿Qué les pasa? Esto es el consumismo en su máximo’ le dije a mi inseparable en Padova.

Entramos mi amiga y yo despacio, a paso tranquilo, platicando… un poco extrañadas de la desesperación de los demás. Poco después me di cuenta de que la gente literalmente se abalanzaba sobre la ropa y tomaba todo lo que podía sin siquiera fijarse bien en la talla, en el color, en la tela, en nada…

Claro, la ropa era casi regalada: todas las prendas de niño a 1 euro, los abrigos de invierno a 10 euros, faldas y pantalones a 5 euros, bufandas, guantes y accesorios en general a 1 euro cada uno, cinturones a 0.50 centavos de euro, botas a 5 euros…

Al ver la desesperación de la gente tomando la ropa me entró un poco de pánico – y la verdad, me contagió su mood. ‘¿Qué ‘necesito’?’ -sí, entre comillas- me pregunté. Y comencé a tomar todos los sacos (americanas) de invierno que me gustaban a primera vista. Se me caían de las manos pero no me importaba, yo tomaba todo lo que me gustaba. De repente, en pocos segundos, me encontré abrazando varios kilos de tela.

No había probadores disponibles, pero tenía que ver cómo me quedaba la ropa. Me fui a un rincón donde había un pedacito de espejo en donde sólo podía ver parte de mi cara. ‘Pues eso mejor que nada’ me consolé.

Al voltear vi un grupo de extranjeras (unas 3-4 africanas y un par de mujeres de Europa del Este) con una montaña de ropa de niño cada una en los brazos… pero no tenía mucho sentido: tenían como 6 faldas iguales, como 8 camisas idénticas… todas las prendas repetidas. ‘Seguro lo venderán afuera…’ me dijo mi amiga. Claro, tiene sentido, si todo te vale 1 euro y vendes cada prenda a 5 euros, ya le ganas bastante. Muy listas ellas.

Me probaba un saco a cuadros, luego uno marrón, luego el de cuadros de nuevo, luego uno beige, luego me probé una falda encima de los pantalones… dejé a un lado uno de los sacos y llegó una chica a decirme ‘Si no lo quieres, dámelo’… ‘Sí, si lo quiero’ le dije sin pensarlo. Un minuto después, mi amiga me dijo ‘No, si no lo quieres, yo me lo llevo antes que ella’.

No paré de probarme ropa durante varios minutos. Si podía me acercaba rápidamente a un espejo más grande pero un poco más lejano… pero debía de tener cuidado porque si despegaba los ojos dos segundos de la ropa que había tomado, encontraba un par de mujeres manoseando mis –casi- preciadas posesiones. Mi amiga y yo decidimos turnarnos para acércanos al espejo que nos haría decidir las compras.

Después de la 'tragedia' de dejar pasar la oportunidad de comprarme un abrigo de ‘faux fur a 10 euros (precio original: 130 euros)… decidimos ir a pagar.
Y es que quería llevar sólo aquello que 'realmente necesitaba' (lo que sabía que me pondría más). '¿Quién necesita un abrigo de 'faux fur' cuando se mide 1.57? ¡Parezco un ewok! Si fuera más alta me quedaría precioso' me quejé.

La fila era larga, lenta, eterna. Para ese entonces la tienda ya casi estaba completamente vacía. Hoy, 20 de febrero, era el último día de rebajas de invierno. La tienda quería deshacerse de todo… y lo logró. Mi amiga y yo queríamos comprar prendas bonitas de moda y baratas… y lo hemos conseguido.

¿Necesitaba esos sacos de invierno? Mmmm… No, ropa de invierno sí que tengo. ‘Pero es que es taaaaaaaaaaaaaaaaaan barato, tan bonito y de una marca que me gusta’ me decía a mí misma. Además, uno se siente muy listo al comprar en este tipo de rebajas. ‘He ahorrado dinero. Es un excelente deal’ lo pensamos y estamos convencidas de ello.

Por cierto, compré ambos sacos que se ven aquí (por si sentían algo de curiosidad). Precio original izq. 140 euros pero pagué 10. Precio original der. 130 euros pero pagué 10. Ósea que ahorré mucho (sí, seguro).

19 enero, 2012

Comprar la despensa en el primer mundo





















He creado esta sección llamada ‘problemas del primer mundo’ porque quizá, cuando alguien lea algunos de mis dilemas en Europa, piense que vivo en una burbuja. Como dije, sólo trato de contar cómo es mi vida por acá.


En ‘el primer mundo’ el hambre deja de ser importante a la hora de escoger qué se come. La dieta se determina, normalmente, por influencias externas (y no por impulsos internos).

Cuando se va a un supermercado en cualquier país desarrollado, se ve una amplia variedad de etiquetas en los alimentos como Fair Trade, Soil Association, LEAF label, Stewardship Council… que apoyan el comercio justo, la comida orgánica, conservan el medio ambiente, promueven la agricultura o pesca sustentable, etc.

Entonces, algunas de las preguntas que me hago –aunque algunos se rían de mí- cuando voy al supermercado son: ¿Este queso viene de una cabra feliz? ¿Las hierbas que estaba comiendo habrán tenido pesticidas? ¿Será ético comer atún si he leído que está en extinción? ¿Estaré apoyando a una empresa local con mi compra? (prefiero productos locales y artesanales a industriales)...

Hace diez años, era fácil comer de forma consciente (bastaba con evitar los fast foods y contar calorías). Ahora es necesario saber de biología, métodos de agricultura sostenible y hasta conocer algo de economía para consumir de forma sustentable e inteligente. Tengo que aclarar que, aún aquí, ‘comer de forma sustentable’ se percibe como algo elitista porque es más caro y se puede creer que consumir productos orgánicos es un símbolo de estatus… pero yo me siento mejor conmigo misma y prefiero gastar en esto (que en otros ‘lujos’)…

Decido qué comer tomando en cuenta mis emociones, la imagen que percibo de mi cuerpo, el lugar en donde estoy comiendo, la publicidad a la que he sido expuesta –siempre y cuando la haya considerado honesta y que me de a conocer o me ofrezca un verdadero beneficio-, los valores éticos que pueda tener, etc. La comida no es sólo un combustible en este caso.

Primero hemos comido para sobrevivir. Después hemos racionado los alimentos durante las guerras. Luego hemos sido inundados por dietas diversas para adelgazar, estar más sanos, tener mejores defensas, ser más fértiles, etc. Después la industria ha comenzado a crear más productos alimenticios y más nichos. Y ahora muchos no dejamos de analizar los alimentos, ya que la comida refleja nuestra ética y estilo de vida.

Lo que comemos tiene un impacto sobre el mundo definitivamente. Los países ricos –donde su gente ya no come para sobrevivir- tienen la obligación moral de preguntarse si los alimentos son sostenibles, si los animales fueron bien tratados, si no se está ingiriendo hormonas o pesticidas, etc.

Claro, muchos pensarán: ‘No hay nada complicado sobre la comida. ¿Por qué se complican?´… y tienen razón, lo natural es bueno. La naturaleza no se equivoca, ya que los alimentos que hemos comido durante siglos no pueden ser tan malos… sólo que sí, mejor comer –y consumir- de forma responsable si podemos y si eso está en nuestras manos.

27 noviembre, 2011

¿Qué es lo que más me gusta del invierno en Europa?











Como buena mexicana no me gusta el frío, no lo disfruto porque soy súper friolenta. Ahora que comenzó el invierno, siempre ando en casa con mi ‘disfraz de borrego’ (así le dice mi esposo a mi pijama gruesa de pantalón y manga larga, unas pantuflas rosas que parecen peluches y una bufanda negra) a pesar de que ponemos la calefacción a 20 grados.


Algo que salva el invierno y hace que tenga su encanto en Europa son los mercados de navidad. La primera vez que vi uno fue en Suiza, en la plaza principal de Basel. Un día iba caminando hacia esa plaza y esto es lo que vi en medio del frío que me pareció como de cuento de navidad: pequeños stands de madera en forma de casitas alpinas con muchas luces, en donde se vendía pan de jengibre, castañas tostadas, crepas, vino, chocolates, strudel de manzana, salchichas, jabones, juguetes, crepas, bufandas y guantes, artesanías, embutidos, productos para beneficencia, etc.


Un mercado navideño típico europeo se encuentra en lugares históricos o de comercio público. Este tipo de mercados se ponen cada invierno desde el siglo XIV, se originaron en las partes de habla alemana de Europa y sirven como un punto de encuentro cálido para los habitantes del lugar y para los turistas. La decoración es completamente navideña, con nacimientos, árboles de navidad, esferas, luces, etc. Además, se pueden ver algunas actividades culturales para amenizar, como conciertos. Click aquí para ver un mercado de navidad.


Caminar por estos mercados casi me hace olvidar el frío invierno europeo: son alegres, cálidos, románticos, acogedores, hermosos... ¿Qué es lo que prefiero comprar cuando voy? Definitivamente Glühwein. Un amigo alemán me hizo probarlo por primera vez en el 2003 en Suiza, me dijo que era para combatir el frío: funcionó. Para los que no sepan qué es esto, les cuento que el Glühwein es una deliciosa bebida alcohólica caliente (muy tradicional durante el invierno), hecha con vino, azúcar, cítricos y especias como canela y clavo. Aquí se puede ver la receta.


Esta bebida caliente, las castañas tostadas y el strudel de manzana son lo que hace que quiera ir a estos mercados casi a diario mientras duran (como sabemos, el invierno NO es la época indicada para cuidar la línea). Por cierto, el Apfelstrudel o strudel de manzana es un postre típico de Austria y el sur de Alemania que se sirve caliente con una crema de vainilla encima (le pueden poner helado también pero esta no es mi versión favorita cuando muero de frío).


Si vienen a Europa en invierno y quieren visitar un mercado navideño, no les costará trabajo encontrarlo, ya que los montan en muchas ciudades europeas (en Alemania, Suiza, Austria, Francia, Italia, Polonia, Holanda, Irlanda, Dinamarca, Bélgica, República Checa, Luxemburgo, España, Escocia e Inglaterra). Estos mercados son tan atractivos que hasta Canadá y Estados Unidos ya tienen los propios en ciudades como Vancouver, New York o Chicago.

13 noviembre, 2011

La moda en Italia














No, no me han perdido. Con este post no pretendo ser una conocedora de la moda ni decirles qué esta in o qué esta out. No hablaré de tendencias ni de qué trendy son las marcas italianas. Sólo quiero comentar la actitud de los italianos hacia la moda. Este es el artículo más superficial que escribiré y me sentí un poco culpable al escribirlo… pero quería contar algo sobre este tema. Claro, no todos los italianos son así como mencionaré pero digamos que son actitudes generales.

Antes que nada, quisiera decir que no se sientan mal ni crean que han subido de peso si llegan a Italia, entran a un negocio de ropa italiana y descubren que ya no son talla M, si no L… porque las tallas en Italia son más pequeñas que en el resto de Europa (o al menos esa es mi percepción). Y no es de extrañarse, ya que las italianas son las más delgadas de la Unión Europea con un índice de masa corporal promedio de 24.8.

Quizá (es mi teoría) algo tenga que ver que 1) la moda es muy importante aquí. Las últimas tendencias se ven mucho mejor si eres delgada, 2) el constante mensaje de la televisión de Berlusconi de que la mujer vale por su imagen que ha invadido los medios italianos por décadas y 3) la presión social por no subir de peso porque claro, al haber tantas chicas flacas y ver que las tallas en las tiendas son minúsculas, una se puede sentir presionada a no engordar (esto sumado a que comen sano o que las porciones son más pequeñas… no sólo la moda o los medios tienen la culpa).

Las inglesas y las irlandesas, por otro lado, son las de mayor índice de masa corporal promedio en Europa con 26.5. En Londres siempre compraba talla XS, mientras aquí puedo ser S o M, depende del corte, la marca o la tela.

Italia es el único país que conozco en donde las mujeres usan colores muy clásicos, básicos y neutros la mayoría del tiempo (negro, gris, azul oscuro, beige, marrón) y los hombres, colores muy de tendencia y llamativos (morado, rosa, verde césped, azul rey, rojo, etc). Ah! Y los hombres usan la ropa un poco más ajustada o entallada que en otros países.

En Italia es donde he visto que la gente usa más diversidad de monturas o armazones de lentes. Lo más normal es que si un italiano usa lentes, SE NOTE QUE USE LENTES, ya que usan armazones grandes, pequeños, medianos, en colores llamativos, diseños de tendencia, etc. Los lentes son un accesorio que debe de notarse (y si la marca se puede ver en algún ángulo, MEJOR). Aquí no sería nada raro ver un italiano (hombre) usando lentes fucsia (rosa encendido) con un logo enorme de Armani.

Ahhhh... y los lentes de sol son un accesorio indispensable. De preferencia de marca italiana y que sea visible igualmente. Un amigo sueco y una amiga alemana que vivían en Florencia cuando yo estaba también allá, bromeaban que se podía reconocer a los turistas en esa ciudad identificando a los que no traían lentes de sol.

Italia es, según yo, el país europeo en donde más importancia dan a las marcas. Y claro, si es una marca italiana MUCHO MEJOR. Los italianos están convencidos que sus diseños son los mejores. Y hablo de todos los diseños en general: de ropa, de muebles, de coches, de arquitectura, etc. Es muy común salir a caminar cualquier día por el centro y contar 3 o 4 mujeres usando bolsas de LV, Prada o Gucci en 5 minutos (y hablo de ciudad tan pequeña como Padova, con 250,000 habitantes).

Algunas gastan el salario de un mes para tener una bolsa Gucci, por ejemplo… y no importa que coman pasta con salsa de tomate solamente hasta el próximo pago (la verdad no entiendo esa actitud, la bolsa más cara que tengo es de 40 euros y ya me duele gastarlos. Y aunque alguien me regalara una bolsa de esas marcas, no creo que la usaría. Me sentiría demasiado snob. Además, personalmente, no me gustan las bolsas con logos por todos lados: les estás haciendo publicidad y encima... son carísimas).

Por lo que yo he visto, los italianos gastan mucho en ropa. Una marca tipo Benetton o Mango (que son ligeramente más caras que Zara o H&M), las consideran baratas y de calidad cuestionable. Para muchos italianos, una marca se puede considerar buena cuando tienen la calidad de Max Mara o Stefanel y de ahí hacia arriba. Ósea que para un italiano yo me visto muy ‘cheap’ (y es que las marcas que más abundan en mi guardarropa son: Zara, Benetton, H&M y Mango).

Muchas veces hago algunas actividades antes de ir al gimnasio –en ropa deportiva, obvio. Así ya no me cambio para hacer ejercicio- tipo: pagar facturas, ir al supermercado, comprar algo, etc. Al inicio me sentía incómoda saliendo así de desarreglada, sin maquillar, con el cabello recogido y con mi bolsa de gimnasio de plástico que me compré en Londres a 3 libras (sí, me sentía rara cuando me comparaba con las chicas que caminaban por el centro súper arregladas). Ahora no me interesa y hasta me hace gracia si me ignoran o me tratan diferente por andar vestida así por las tiendas.

En Londres iba a trabajar en jeans (hasta los más altos jefes iban de jeans la mayoría del tiempo). Así que ropa formal de trabajo no tengo. Es más, en Londres había colegas usando flip flops o zapatos deportivos en la oficina. No digo que la imagen no sea importante para los ingleses, sólo que no le dan tanto peso. El 90% de mis colegas eran investigadores, no hacía falta ir formal, no hacíamos relaciones públicas, así que era un caso especial. Aquí ver eso sería imposible incluso en una oficina de telemarketig.

No crean que la moda se limita a los jóvenes. Todos los días veo señores de más de 70 años ir de traje (que se ven divinos) muy elegantes y bien vestidos caminando con su pareja (que va de falda, un abrigo precioso y un collar de perlas).

Los italianos son amantes de la belleza y la imagen. Quizá exageren a veces. En ese sentido diría que son más superficiales que el resto de Europa. Mi esposo Laurent que ha dado clases de economía en la Universidad de Venecia y en la de Padova, siempre bromea que sus alumnos van mucho mejor vestidos que él.

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