
Nota: si eres una mujer mexicana y te sientes identificada conmigo al leer este post, felicidades, eres de las que está rompiendo con la cultura machista de nuestro país.
Ahora, ¿Cuál es la diferencia entre un matrimonio entre personas de la misma cultura y uno intercultural? Desgraciadamente yo sólo conozco el intercultural porque nunca viví un matrimonio en casa, en México (mis padres se separaron cuando yo era niña). Pero tratando de responder un poco a esa pregunta, puedo contar mi experiencia.
Estar casado con alguien muy diferente de tu cultura tiene ventajas y desventajas como todo. Ventajas: se desarrolla una visión más amplia de la vida en general, se tiene mayor tolerancia hacia diferentes grupos, ideas y culturas. Aprendes a ver desde el punto de vista del otro, con otra perspectiva (ejemplo: es bueno que un suizo esté familiarizado con los problemas del tercer mundo, ya que en su burbuja –Suiza- todo es perfecto. Es bueno que su ‘cultura ahorradora’ me contagie). Te hace aprender nuevos idiomas, te hace conocer a profundidad otra cocina, otros lugares, otra música, etc.
Desventajas: para cualquier pareja la comunicación a veces es muy complicada… imagínense entre un suizo y una mexicana que hablan entre ellos un idioma que no es el materno para él (español). Bueno, al menos hablamos el idioma materno de uno de nosotros y a pesar de eso tenemos nuestro propio vocabulario (a veces mezclamos un poco de italiano con español).
Además, culturalmente, Suiza y México son casi lo opuesto:
Suiza: país sin recursos naturales, pequeñito, muy rico, con una democracia consolidada (la gente decide si se cambia o no una ley con su voto), con mucho orden, leyes y reglas para todo (y que se cumplen), con una cultura protestante de ‘no ostentar lo que se tiene’, menos fiesteros, individualistas y ahorrativos (claro, sus altos sueldos y tener la moneda más estable del mundo ayudan pero su cultura del ahorro es de las mejores en Europa).
México: país lleno de recursos naturales, con un enorme territorio, ‘en desarrollo’ (más bien pobre), con una democracia naciente pero agonizante, donde las reglas están hechas para romperse, con la cultura materialista –muy americana- de ‘eres lo que tienes’, fiesteros, familiares (somos como muéganos diría mi madre) y poco ahorrativos (claro, los bajos sueldos no ayudan a ahorrar y más bien nos endeudamos).
Pero, ¿Cómo podemos hacer que estas dos culturas funcionen en un matrimonio? Yo soy mexicana, sí, pero también un poco suiza y un poco italiana (la segunda nacionalidad de mi esposo).
Mi lado ‘europeo’ se puede ver en que sí, lo acepto, soy más fría en mi trato personal y menos apegada a la familia que muchas mexicanas. Ejemplo: si él se va de viaje yo disfruto mi tiempo sola, muchas veces le digo que vaya solo con sus amigos porque yo quiero hacer mis cosas, nos gusta darnos espacio.
Soy algo feminista… y él también. Me criaron dos mujeres muy independientes –mi abuela y mi mamá- lejos de cualquier situación machista como ‘Hazle de comer a tu papá / hermano’. Ejemplo: Laurent y yo nos dividimos las tareas del hogar porque así tiene que ser ¿no? Lavar no es sólo femenino. Otro ejemplo: si algún día tengo hijos, no compraré una ‘cocinita’ para mi niña o un ‘cochecito’ para mi hijo. Si mi hija quiere un juego de construcción me parece bien y si él quiere una máquina para hacer pasteles, también estará bien. Y dudo que quiera que vean o lean historias como ‘Cenicienta’ o ‘La bella durmiente’. Cuentos llenos de machismo en donde la mujer vive una vida sin sentido hasta que es ‘rescatada’ por su príncipe, se casa y vive ‘feliz para siempre’…
Cuando veo anuncios en México de ‘regale a su mamá una lavadora el 10 de mayo’ o veo mujeres ‘florero’ que sólo decoran los programas de TV y cosifican a la mujer, no hago más que corajes. Pero mucha gente en México lo ve normal (bueno, en Italia la TV de Berlusconi hace lo mismo… pero aquí también hago corajes y al menos hay más mujeres protestando por esto).
Soy atea…y él también. Ejemplo: no quisimos casarnos por la iglesia y la verdad no creo que él o yo podríamos estar con una persona religiosa. ¿Qué tiene esto de Europeo? Pues la mayoría de mis amigos en México son religiosos. La mayoría de mis amigos aquí no lo son. Laurent siempre bromea: ‘Las catedrales católicas europeas están llenas de turistas… o de latinoamericanos’.
No soy celosa… ni él (odio los celos mexicanos, no me gusta que me celen). Para los dos, los celos son signo de desconfianza, no de amor. Estuvimos muchos años de lejos y si fuera celosa me hubiera vuelto loca o hubiera durado un mes con él. Si él sale con una amiga, está bien, él sabe lo que hace y si no pudiera confiar en él, no me hubiera casado.
Nunca me ha importado el qué dirán ni me gusta juzgar a los demás (típico de una sociedad conservadora y tradicionalista)… ni a él. Ejemplo: desde niña siempre he hecho lo que quiero, aprendo de ello y sigo adelante. Nunca me importó llegar virgen al matrimonio, ni decir que vivía en unión libre, por ejemplo, entre otras cosas.
En la mayoría de las cosas me volví muy literal... como él y cualquier europeo. Si digo, 'nos hablamos mañana', yo esperaré tu llamada o yo te llamaré al siguiente día. No es el 'nos hablamos' mexicano. Si digo que te veo a las 5:00 no es 5:15, ni a las 5:30... Si te digo 'no tengo nada', pues es eso. No espero que me insistas 'sí, tienes algo, dime...' De todas maneras si le digo a Laurent 'no tengo nada', él me dirá 'ok' y se irá a hacer sus cosas.
Él es un poco mexicano también. Y ese lado mexicanísimo se le ve, sobretodo, cuando vamos a México: quiere cenar tacos a diario, dice frases como ‘no manches’ o ‘¿qué onda?’ (claro, con su acento francés), ama la comida picante (mi mamá siempre nos manda un ‘chilito’ seco que ella prepara y él se lo pone a todo: a la carne, a la pasta, a las verduras, etc).
Ok, ok… quizá yo estoy más ‘europeizada’ que él ‘mexicanizado’. Aunque creo que su parte italiana también nos ayuda: para él es muy importante la familia, no es tan individualista como parece. Y lo que pasa es que siempre hemos vivido por acá. Si viviéramos en México, no estoy segura de qué adoptaría él de nuestra cultura: ¿se volvería más cálido? ¿Más expresivo?...
Si seremos un matrimonio exitoso no lo puedo decir, no me gusta dar las cosas por sentadas. Sólo puedo decir que a pesar de haber nacido en mundos completamente diferentes, creo que tenemos mucho en común y habernos mezclado culturalmente ayuda y nos enriquece como personas.
Y por supuesto que hay cosas a las cuales posiblemente nunca me adaptaré, como a esquiar cada invierno… ¿Por qué fregados tengo que congelarme durante mis vacaciones?. O nunca entenderé cuál es el problema si hay una cena en casa de un suizo y esperan a 9 personas… ¿Por qué no puede llegar un décimo colado sin que se molesten?. En México te llegan varios colados… ¿Y? ¡Se pone mejor la reunión!.
Él no se adaptará a mi ‘ahorita’ mexicano porque, aceptémoslo, es demasiado ambiguo. Él quiere saber cuándo se harán exactamente las cosas. Tampoco entenderá el humor de ‘El chavo’ por ejemplo. Yo puedo estar muriendo de risa viendo ese programa y él preguntándose ‘¿Por qué diablos se ríe?’