(Sobre)vivir en Europa es un espacio en donde comparto algunas de mis experiencias en Europa esperando que sean interesantes y útiles. Por supuesto, desde el punto de vista de una mexicana. Bienvenidos.
Sin duda Ryanair es la aerolínea más barata para volar en Europa pero juro que es como volar en cuarta clase (ni siquiera tercera). 'Te tratan así para que sientas que estas pagando por un servicio muy barato' es la teoría de mi esposo. Yo creo que te tratan así porque es TAN barato, que cualquier pequeña comodidad, la cobran. Pero lo aguanto porque es la forma más económica de moverme.
Claro, Ryanair te dejará en aeropuertos lejanos y desconocidos (y después tendrás que adivinar cómo llegar a la ciudad desde ese aeropuerto lejano y desconocido. Quizá requiera de hora y media de bus).
Claro, quizá tendrás que tomar el vuelo a las 5:00am o a las 12:30am (lo que significará una buena desvelada).
Claro, tendrás que hacer el check-in online e imprimirlo o te cobrarán por hacerlo.
Claro, no podrás llevar tu bolsa de mano además de tu maletita de cabina (te harán meter tu bolsa de mano a la maleta que ya de por si estará a nada de explotar).
Claro, si te da hambre o sed, te venderán la comida y la bebida CARÍSIMA durante el vuelo.
Claro, si quieres dormir será casi imposible porque durante todo el vuelo te venderán cualquier tipo de producto (así que los anuncios serán continuos y permanentes).
Claro, tus rodillas irán incrustadas en el asiento de enfrente durante todo el vuelo... y no, no hay posibilidad de reclinarse. Y si quieres poner tu libro o revista en la 'bolsita de enfrente'... no podrás... porque NO existe.
Claro, habrá publicidad hasta en donde guardas tu maletita.
Claro, si el avión llega a tiempo, celebrarán con una 'landing song' y la gente aplaudirá.
Y sí, Ryanair te cobraría por usar el baño si pudiera...
En fin, todo sea por gastar lo menos posible para viajar, al fin que nunca son vuelos demasiado largos (a lo mucho 2 horas).
Siempre he admirado a esas mujeres que viajan como si salieran a cenar con amigos a un lugar exclusivo: bolso poco práctico pero muy chic, tacones enormes, pantalón pegado, cabello planchado, escote, joyas y mucho perfume: ¿Cómo le hacen para correr por el aeropuerto si se les hace tarde? ¿Cómo le hacen para jalar maletas sin cansarse?
Yo soy de esas que viajan con un bolso enorme para guardar de todo… de preferencia que me deje ambas manos libres, zapatillas deportivas (para correr por si llego tarde al aeropuerto o cambian la 'gate' de forma repentina), jeans cómodos, cabello limpio pero despeinado (me suelto y me agarro el cabello según mi comodidad), playera o top sin escote (el aire acondicionado de la cabina es traicionero), sin joyas o cinturón (así me ahorro el quitarme todo cuando paso por el control), sin perfume (aunque siempre llevo un pequeño desodorante en la maleta)... voy casi tan cómoda y poco arreglada como cuando voy al gym.
Ya tengo en casa de forma permanente todo lo que se puede necesitar de líquidos en tamaño adecuado para una cabina de avión (menos de 100 ml) como shampoo, pasta de dientes, aceite para el cabello, cremas… porque claro, documentar una maleta con Ryanair cuesta... y cuesta mucho.
Uno aguanta la cuarta clase con tal de viajar más seguido y poner más dinero en otros gastos del viaje (como en las comidas… o las cenas… o los hoteles). Eso sí, evito Ryanair lo más que puedo. Si otra aerolinea de low cost (como Easyjet o Vueling) me cobran lo mismo, no dudo comprar con ellas.
Recién casada en edad fértil (que seguro se embarazará pronto o ya está embarazada)…
Teniendo que usar un idioma que no es el materno
En una región racista de Italia
Y en plena crisis, la peor desde 1929…
‘Si te dan trabajo –el que sea- deberías de estar feliz, satisfecha y agradecida’, he escuchado. Si alguien me contrata a pesar de todos mis ‘inconvenientes’, casi me hace un favor… ¿O no?...
Hay que ser fuerte para que el valor y la estima que te tienes a ti misma no se desquebraje a veces. Si a lo anterior le agregamos la nostalgia de estar lejos -muy lejos- de los que amas…
Era más fácil -trabajar- en Inglaterra donde ‘mis inconvenientes’ no son tan graves: hay mucho más igualdad de género, menos racismo, están más acostumbrados a los extranjeros, hay más madres trabajando, se contrata más por méritos y menos por contactos…
‘El que es perico donde quiera es verde’ – sí, tiene algo de verdad… pero no toma en cuenta ‘los inconvenientes’ que una como yo representa (como ser mujer en uno de los países más machistas de Europa. O como ser extranjera y extracomunitaria en una región en donde La Lega tiene mucho poder: un partido político que prohibió los Kebabs en un pueblo cercano por ser ‘no italianos’).
Sé que hay extracomunitarios sufriendo mucho, muchísimo… yo soy privilegiada: no llegué en patera, soy legal, trabajo ‘en lo mío’, etc. Así que de nuevo: ‘Si me dan trabajo –el que sea- debería de estar feliz, satisfecha y agradecida, ya que alguien me contrató a pesar de todos mis inconvenientes’…
Razonamiento que en lugar de consolarme me hace sentir culpable si se me ocurre quejarme de algo…
El día de ayer pasé con una amiga al lado del Benetton y vimos en la puerta unos carteles con los precios de la ropa. No dudamos en decirnos: ‘Que barato, hay que venir mañana’. Quedamos hoy de ir al negocio a la hora que abren después de la pausa para comer.
Llegamos muy puntuales poco antes de que reabrieran, ya que estábamos tomando un café a pocas calles. Para mi sorpresa, había una masa de gente en la entrada e incluso había personas empujando un poco las puertas. Me pareció raro.
Un par de minutos después, las puertas de entrada se abrían. La gente ingresó como si estuviera huyendo de un incendio. ‘¿Qué les pasa? Esto es el consumismo en su máximo’ le dije a mi inseparable en Padova.
Entramos mi amiga y yo despacio, a paso tranquilo, platicando… un poco extrañadas de la desesperación de los demás. Poco después me di cuenta de que la gente literalmente se abalanzaba sobre la ropa y tomaba todo lo que podía sin siquiera fijarse bien en la talla, en el color, en la tela, en nada…
Claro, la ropa era casi regalada: todas las prendas de niño a 1 euro, los abrigos de invierno a 10 euros, faldas y pantalones a 5 euros, bufandas, guantes y accesorios en general a 1 euro cada uno, cinturones a 0.50 centavos de euro, botas a 5 euros…
Al ver la desesperación de la gente tomando la ropa me entró un poco de pánico – y la verdad, me contagió su mood. ‘¿Qué ‘necesito’?’ -sí, entre comillas- me pregunté. Y comencé a tomar todos los sacos (americanas) de invierno que me gustaban a primera vista. Se me caían de las manos pero no me importaba, yo tomaba todo lo que me gustaba. De repente, en pocos segundos, me encontré abrazando varios kilos de tela.
No había probadores disponibles, pero tenía que ver cómo me quedaba la ropa. Me fui a un rincón donde había un pedacito de espejo en donde sólo podía ver parte de mi cara. ‘Pues eso mejor que nada’ me consolé.
Al voltear vi un grupo de extranjeras (unas 3-4 africanas y un par de mujeres de Europa del Este) con una montaña de ropa de niño cada una en los brazos… pero no tenía mucho sentido: tenían como 6 faldas iguales, como 8 camisas idénticas… todas las prendas repetidas. ‘Seguro lo venderán afuera…’ me dijo mi amiga. Claro, tiene sentido, si todo te vale 1 euro y vendes cada prenda a 5 euros, ya le ganas bastante. Muy listas ellas.
Me probaba un saco a cuadros, luego uno marrón, luego el de cuadros de nuevo, luego uno beige, luego me probé una falda encima de los pantalones… dejé a un lado uno de los sacos y llegó una chica a decirme ‘Si no lo quieres, dámelo’… ‘Sí, si lo quiero’ le dije sin pensarlo. Un minuto después, mi amiga me dijo ‘No, si no lo quieres, yo me lo llevo antes que ella’.
No paré de probarme ropa durante varios minutos. Si podía me acercaba rápidamente a un espejo más grande pero un poco más lejano… pero debía de tener cuidado porque si despegaba los ojos dos segundos de la ropa que había tomado, encontraba un par de mujeres manoseando mis –casi- preciadas posesiones. Mi amiga y yo decidimos turnarnos para acércanos al espejo que nos haría decidir las compras.
Después de la 'tragedia' de dejar pasar la oportunidad de comprarme un abrigo de ‘faux fur’ a 10 euros (precio original: 130 euros)… decidimos ir a pagar. Y es que quería llevar sólo aquello que 'realmente necesitaba' (lo que sabía que me pondría más). '¿Quién necesita un abrigo de 'faux fur' cuando se mide 1.57? ¡Parezco un ewok!Si fuera más alta me quedaría precioso' me quejé.
La fila era larga, lenta, eterna. Para ese entonces la tienda ya casi estaba completamente vacía. Hoy, 20 de febrero, era el último día de rebajas de invierno. La tienda quería deshacerse de todo… y lo logró. Mi amiga y yo queríamos comprar prendas bonitas de moda y baratas… y lo hemos conseguido.
¿Necesitaba esos sacos de invierno? Mmmm… No, ropa de invierno sí que tengo. ‘Pero es que es taaaaaaaaaaaaaaaaaan barato, tan bonito y de una marca que me gusta’ me decía a mí misma. Además, uno se siente muy listo al comprar en este tipo de rebajas. ‘He ahorrado dinero. Es un excelente deal’ lo pensamos y estamos convencidas de ello.
Por cierto, compré ambos sacos que se ven aquí (por si sentían algo de curiosidad). Precio original izq. 140 euros pero pagué 10. Precio original der. 130 euros pero pagué 10. Ósea que ahorré mucho (sí, seguro).
Nunca he sido fan de la realeza, creo que cualquier cargo hereditario y vitalicio es antidemocrático. Entiendo que, por ejemplo, el Rey Juan Carlos de España sea querido por haber apoyado la transición a la democracia después de muerto Franco. Entiendo que muchas veces representan dignamente a su país y quizá hagan más por su pueblo que muchos políticos.
En este post hablo de las actitudes de ‘nuestra realeza’ (o los que se portan como si lo fueran: nuestros políticos mexicanos). Sólo opinaré de una de sus actitudes, no pretendo insinuar que es el único problema de nuestra clase política, ya que estoy consciente de que hay muchas más cualidades y capacidades que les deberíamos de exigir…
Hace unos meses fuimos a Oslo, Noruega porque mi esposo presentaba un paper en la Universidad. Durante uno de sus ratos libres fuimos a caminar por la ciudad y nos acercamos al palacio real (situación inevitable, ya que está en el centro). Vimos que había periodistas afuera, que varios coches de lujo iban llegando y que personas muy elegantemente vestidas descendían de ellos para entrar en el palacio. Literalmente estábamos a una decena de metros de la entrada, al lado de los periodistas. Nos quedamos ahí por mera curiosidad aunque no teníamos idea de qué celebraba la Casa Real Noruega. Éramos menos de 10 curiosos… y la mayoría éramos turistas perdidos –lo sé por el idioma que hablaban. De repente, escuchamos decir a uno de los periodistas –en inglés- que la casa real celebraba los 10 años de casados de los príncipes herederos.
No crean que el evento me emocionó tanto que ahora lo estoy comentando en mi blog… lo que me llamó la atención fue que no había un desplegado de seguridad alrededor del palacio, no había ‘pueblo’ gritándole a la realeza cuanto la amaba, no había demasiados periodistas (eran menos de 5) y nunca nos pidieron alejarnos.
¿Por qué me pareció raro? Pues porque estoy segura, por ejemplo, que en cualquier boda de cualquier hija de algún presidente municipal de muchos pueblos de México, el desplegado de seguridad hubiera sido mucho más impresionante (sé que por cuestiones de seguridad se necesitan más policías pero a veces se exagera). Probablemente se hubieran visto hasta elementos con armas largas pidiéndole al ‘pueblo fanático’ –que hubiera sido quizá más numeroso- alejarse un poco y quizá hubiera habido más periodistas cubriendo tan exclusivo evento.
En mi opinión, es muy común que en países con democracias débiles, los políticos más importantes ‘funjan’ el rol de realeza y lo peor es que el ‘pueblo’ se los permite, se los celebra y admira. Es más, el pueblo les acepta que sean despectivos y muestren ‘su poder’ omnipresente. Para muestras: México. ¿Exagero? No creo. El mejor ejemplo de esto lo acabamos de vivir en el 2010: ahí tienen la boda de final de telenovela (de ‘princesas’) de uno de los precandidatos a la presidencia de México con una actriz famosa. Parecía un evento de la realeza (muy wannabe pero ‘realeza’). El cuento de princesas estuvo bien armado incluso desde antes de la boda:
-La pedida de mano –excesivamente pública- en el vaticano (¿En qué otro lugar hubiera podido crear más impacto en un país tan católico como el nuestro?)
-La cobertura mediática (hasta Carla Bruni fue más discreta cuando se casó con Sarkozy… a pesar de que se casó con él cuando ya era presidente de Francia)
-El desplegado de seguridad con más de 500 elementos
-El vestido tipo princesa y la tiara
-Los famosos invitados
-La salida de la iglesia de los novios saludando ‘al pueblo’
Esa boda recibió más cobertura mediática que cientos de feminicidios juntos. Ahí tienen a este mismo precandidato no haciéndose cargo, como se debe, de su ‘bastardo’… como hacían –o hacen- los verdaderos reyes. Ahí tienen a una de las hijas de esta pareja llamándonos ‘prole envidiosa y pendeja’ y a la otra hija siendo una gran actriz a los 15 años –sin darle mucha importancia a los estudios- y ‘el pueblo mexicano’ admirando y aplaudiendo esto (no parece importar que, de ganar este precandidato la presidencia del país, esta situación daría una mala imagen de México, ya que ‘para triunfar aquí no necesitas estudios, sólo ser hijo de alguien importante’. La carrera de esta adolescente es ‘heredada’… como en la realeza). Este es el mejor ejemplo reciente que se me ocurre.
O también tenemos a una Marta Sahagún usando marcas costosísimas tipo Chanel o Tiffany mientras fue la primera dama de México, un país pobre. Claro, no es la única primera dama vistiendo ‘bien’… pero al menos Carla Bruni o Samantha Cameron podrían justificarse argumentando que están promoviendo la moda y las marcas de sus países… al menos no son las primeras damas de un país con tanta pobreza en donde es de pésimo gusto portar un outfit que vale decenas o cientos de salarios mínimos de ese país... o donde hay gente muriendo de hambre.
Pero esta actitud no es reciente, la hemos heredado, ejemplo: un López Portillo que, cuando era presidente, obligó a que la gira papal hiciera una parada en los Pinos para que el Papa celebrara una misa especial para su madre, justificando que ‘pagaría de su bolsillo’ –sueldo pagado por el pueblo, por cierto. Ejemplos en mi país, tenemos para llenar libros. Apuesto a que muchas hijas de políticos mexicanos matarían por ir al baile de debutantes en el hotel Crillón de Parísque se celebra cada año (donde jovencitas de entre 16 y 22 años pertenecientes a familias de relevancia internacional son presentadas). Si alguna de ellas fuera, seguro lo publicarían en todos los medios posibles para que ‘el pueblo’ las vea, se asombre.
En México tenemos a muchos políticos saliendo en el Hola, en Quien, en Caras… mostrándonos sus ‘riquezas’ sin importarles que, en un país con 50 millones de pobres, esto sea obsceno, pretencioso y de mal gusto –a mi parecer. No tengo nada contra de que sean pudientes –si es que están desquitando su salario y si es que no están robando al erario-, pero si están viviendo del pueblo –y ese pueblo es pobre en su mayoría- podrían ahorrarse esas descaradas exhibiciones.
Claro, ese estilo –yo lo llamaría naco (término que no me gusta usar pero en este caso es un calificativo acertado)- de hacer política es normal, es tolerada y hasta admirada… ya lo dijo el Profesor Carlos Hank González: ‘un Político pobre, es un pobre Político’. Tenemos una ‘realeza’ de mal gusto.
Ahora regreso a la realeza escandinava, que no es tan ostentosa o pretenciosa como la nuestra. A principios del siglo pasado, el autor danés-noruego Aksel Sandemose, creó una ley ficticia llamada Ley de Jante, en la que retrataba su ciudad natal. Esta ley tiene 10 normas, entre las que se menciona:
No pienses que tú eres especial.
No pienses que tú eres más listo que nosotros.
No pienses que eres mejor que nosotros.
No pienses que sabes más que nosotros.
No pienses que eres más importante que nosotros, etc.
Esta ley influenció de gran manera la cultura noruega, danesa, sueca y finesa, países en los que se desaprueba que una persona se considere mejor que las demás.
A los que violan esta ley -tácita- se les mira con cierta hostilidad y se considera que van en contra del deseo de conseguir igualdad y justicia social. La humildad es muy importante y las élites se muestran como ‘gente común’.
En otros países como Suiza o en el Norte de Inglaterra, también se considera de mal gusto o poco elegante mostrar la riqueza, ya que es visto como de ‘nuevo rico sin mucha educación’. Es decir, no necesitas ser pobre, sólo no debes de mostrar públicamente lo que posees.
Creo que los políticos mexicanos –y de otros países- podrían aprender un poco de este estatuto escandinavo y portarse más como representantes del pueblo y menos como realeza… o estrellas de cine. Desearía que ‘el pueblo’ (mi pueblo mexicano) comenzara a exigir –entre otras cosas- que los políticos y sus familias se comportaran de forma austera precisamente para fomentar la igualdad social… dejemos, por favor, de aplaudirles y admirarles sus excesos como si fueran nuestra querida realeza porque de lo contrario, no dejarán de sentirse como tal.
Para finalizar, les dejo aquí un breve video de cómo vive un diputado en Suecia... ¿algún parecido con los diputados en México? =(
Si alguien me pregunta de dónde soy o a dónde pertenezco, la respuesta más aproximada y sincera a eso sería: me siento ciudadana del mundo. Como decía el cantautor argentino Facundo Cabral, ‘No soy de aquí, ni soy de allá’. Soy como un puzzle -rompecabezas- creado con piezas de diferentes países: mexicanas, italianas, inglesas, suizas y españolas. Tengo un poco de cada de una de esas culturas.
Es inevitable sentirme siempre extranjera en Europa. Estoy acostumbrada a ser la morena, la que habla con acento español, la latina-que seguro baila como Shakira-, la chica que viene de un país pobre y peligroso, la chica casada con un europeo y que dejó su país por amor a él, la chica que adquiere un bronceado dorado sexy rápidamente –cuando me comparan con una rubia alemana-, la chica que entra en varios estereotipos (como: la católica mexicana, la que seguro come mucho picante), la chica con origen indígena, la chica exótica…
Si estoy en México, se ha vuelto inevitable sentir que no encajo completamente. Es irremediable darme cuenta que con los años, veo menos a los amigos y paso más tiempo con la familia más cercana. Las redes se van acotando y quedan dentro de ellas los que realmente te importan y les importas. Hasta mi estómago me hace sentir como extranjera en mi propio país: ya no aguanto el picante, siempre sufro de gastritis si me atrevo a comer como cualquier mexicano promedio unas buenas enchiladas o unos tacos al pastor con todo. Mi piel también me hace sentir ajena cuando me dicen ‘Estas bien pálida ¿qué allá no te bronceas?’… pues no, el sol pega menos en donde vivo.
También es inevitable sentir el cambio cuando aterrizo aquí o allá. ‘Voy a cambiar de planeta'- le digo a mi madre cuando estoy yendo hacia el aeropuerto de la Ciudad de México para volar a Europa.
Porque ambos lugares son muy diferentes: la arquitectura, la comida, el café (aquí me gusta más), las calles, los olores, el idioma, los quesos, el agua del grifo, las clases sociales (aquí abunda la clase media, para resaltar tienes que ser muy rico), el acento, el chocolate, la idea de lo que es un 'espacio grande' (aquí se vive en espacios mucho más pequeños), la sonrisa de la mesera (en México te sonríen más), el internet (aquí es más rápido y menos costoso), la moneda, el pan, el color del cielo, la política, los cables de luz (aquí no ves cables eléctricos, son subterráneos), las estaciones del año (aquí son muy marcadas), las flores, la visión del mundo y de la crisis, la humedad, los parques, la seguridad (Padova, donde vivo, me parece hasta más segura que Ginebra, en Suiza), la altura, el transporte público, los horarios de los negocios… hasta los perros (aquí es rarísimo ver perros callejeros).
Pero el cambio más significativo para mí es estar sola (con mi esposo… pero sola). Sentir que mi familia, mi niñez y adolescencia, que mi cultura materna están lejos… lejísimos. Es como si me quitaran poder, energía, como si me quitaran una parte de mi cuerpo. Eso me hace más humilde, más insignificante, más vulnerable…
Nunca podré dejar de preguntarme, por ejemplo, cuando alguien me trata mal en un negocio de ropa o en una entrevista de trabajo: ¿Me trató así por ser mexicana? Esa, es una gran desventaja. Por mucho que me adapte a Europa, por mucho que hable alguno de sus idiomas, por mucho que ‘me parezca’ a ellos… siempre seré extranjera. Quizá la chica que me atendió en el bar sólo estaba de malas pero yo, caminando por la calle de regreso a casa, me estaré preguntando si fue discriminación por mi origen (y eso que nunca he sufrido el racismo que he visto hacia los de Europa del Este, los africanos o los musulmanes, que se ven y pueden ser ‘más diferentes’ que yo).
Sé que lo tengo más complicado: quizá nadie conozca la universidad donde estudié en México, quizá crean que en mi país regalan o compras los títulos de la universidad (lo he escuchado varias veces), quizá pida trabajo en una lengua que no es mi materna, quizá crean que vine aquí a quitarle trabajo a los europeos, quizá no les interese tenerme de amiga porque ya tienen su círculo de amigos desde hace años… etc, etc, etc…
¿La parte buena? Me hace esforzarme más -porque sé que tengo las cosas un poco más difíciles irremediablemente- y, cuando logro algo, lo disfruto más.
¿Cambiaría esa situación? No lo sé. No creo. Me hace más frágil y más vulnerable pero me enriquece porque me siento una ciudadana del mundo. Me hace sentir como una sirena que puede estar dentro y fuera del mar cómoda y tranquila: nadando y admirando los arrecifes, contando los barcos que pasan, haciendo castillos de arena, conociendo marineros y tiburones, extrañando… sin morir en cualquiera de ambos mundos.